Solo bailaban las putas y los borrachos.
Y yo me resabalaba.
No estaba bailando, simplemente evitaba mi caída.
Y mientras tú bailabas esperabas que siguiera tus pasos.
Pero yo no era una puta, ni tú un borracho.
Lo peor de todo es que las putas se enamoran de los borrachos.
Lástima que, ni yo sea una puta, ni tú un borracho.
Lástima que hoy no haya ninguna canción para bailar.