Había una vez una niña a la que de repente le salieron alas de la espalda. La niña se asustó porque no sabía ni para qué servían ni por qué ella era la única persona que conocía que las tuviera. Su madre le dijo que era un ángel y por eso le habían salido las alas, porque Dios de las había dado. La niña pensó que su madre era tonta, porque ni ella era un ángel ni Dios existía. Su padre le dijo que era monstruo porque ninguna persona podía tener alas. La niña pensó que su padre era gilipollas porque no es necesario ser un monstruo para tener alas, ya que los pájaros tienen alas y no se les considera monstruos (al menos no hasta el momento).
Así que, harta de las tonterías de su madre y las gilipolleces de su padre, la niña decidió marcharse de casa y emprender un largo camino sin destino. Por el camino encontró todo tipo de gente: gente que se asustaba al verla, gente que le sonreía, gente que se quedaba pasmada, gente que la insultaba, gente que sentía compasión por ella, gente que sentía pena directamente, gente que se alegraba por ella, gente que la envidiaba...
Y la niña siguió avanzando en su camino sin destino decidida a encontrar algo que aún no sabía muy bien qué era. Y a cada paso se iba cansando más, porque las alas le pesaban y ella no estaba acostumbrada a llevar semejante peso en la espalda. Y fue entonces cuando encontró a una mujer que le dijo: 'parece que te pesen tus alas, porque no intentas utilizarlas y echas a volar?'. Y la niña salió corriendo. Era la primera persona que le había hecho una sugerencia, que le había dado un consejo, que la había intentado ayudar, y ella solo fue capaz de asustarse. Y es que la niña no quería usar sus alas porque le daba miedo volar.
Y así siguió andando y andando por miedo de utilizar sus alas, que cada vez parecían pesar más. Y llegó un momento en que no pudo más y se sentó al lado del camino, a ver pasar a la gente que seguía avanzando. Y ella cada vez se iba quedando más y más atrás. Y cada día se despertaba con la idea de empezar a volar, y cada día se acostaba con sus sueños por los suelos y su esperanza hecha pedazos. Y cada día veía a más y más gente pasar, a más y más gente avanzar. Y un día se quedó dormida para no despertar jamás. Y se quedó sin saber lo que era volar.
Escuchando Little Wing de Hendrix...