Nunca me importó tener las manos llenas de arañazos si con ello conseguía reducir el montón de zarzas que separaba nuestros caminos. Sabía que cuando llegara al tuyo curarías mis heridas.
Sin embargo, el zarzal cada vez es más espeso y no tengo la esperanza de que estés allí esperándome después de todo.
Si me desangro quiero que sea por algún motivo.
Ya no me apetece hacer las cosas sin más.
Ya no sé si el mundo está al revés,
o soy yo el que está cabeza abajo...