Paseaban aferrándose un poquito más a sus sueños. Le gustaba sentir su brazo sobre los hombros. Quizás aquél era un momento de seguridad, donde no tenían cabida ni el miedo ni la vergüenza, donde las miradas se iluminaban y las sonrisas asomaban tímidamente. Le dijo que le quería con la voz muda mientras intentaba seguir su rápido paso sin tropezarse. Le miraba de reojo y apretaba fuertemente los puños, clavándose las uñas para cerciorarse de que no era una ilusión. Notó sus labios sobre su mejilla y cerró los ojos. Soñó que echaba una moneda en una fuente deseando que aquello no acabara nunca.
Que la vida me sonríe,
demasiado para mí
demasiado para mí