Caminé hasta ella y quise cogerla del brazo, pero al rozarla con mis manos su blanca piel se tiñó de rojo. Nunca entendería porque todo lo tocaba acababa roto, herido, despedazado, rojo... Con lágrimas en los ojos me dedicó una mirada llena de desprecio y horror, dio media vuelta y se fue. Mientras se alejaba observé sus manos y vi que no eran como las mías. Ella tenía dedos en vez de tijeras.
Por esa película que tenemos pendiente.
3 comentarios:
Peliculera...
Sólo espero que entre mi blanqueza y tus uñas no parezcamos eduardo y casper. Lo de la sangre sí que mola... las pareces a chorretones. ¿En tu casa o en la mia?
primero en la mía y luego en la tuya, te hace?
no me hace, recorrer 700km para ver la misma peli? dos escenarios de crimen? bueno... no sé así se lo ponemos más dificil a la poli, no es mala idea
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